miércoles, 29 de agosto de 2018

A veces pienso


Bueno y las cosas están así. Una sueña y fantasea -¡y vaya que soy buena para fantasear! Pero la verdad es que la realidad es otra, o más bien es una, es esa que entre tanto fantaseo y fantaseo una se está negando a ver.
La vida, con su belleza abismante, es dura. ¡Es una mierda a veces! Pero de esas mierdas lindas, de esas mierdas que a una igual le gustan, de esas mierdas que valen la pena todos y cada uno de los dolores. “Life is a big fat gigantic stinky mess but that´s the beauty of it too” decían en una película de la que obviamente no me acuerdo el nombre y yo no podría estar más de acuerdo.
Pero hay algo que no nos dicen mucho y es que independiente de cómo sea la vida, está en nosotros que hacemos con ella. Pero por mucho que eso yo ya lo sé, aquí sigo sentada esperando. La vida con su caos dando vueltas allá afuera. Yo adentro tomando tecito con miel esperando. Como esperando que la vida pase, que la vida cambie, que la vida aquí, que la vida allá, sentada esperando tomando tecito con miel. Hasta que hoy mientras me lamentaba con un tecito en la mano algo cambió, algo pasó. Mientras escuchaba como salían palabras de mi boca algo adentro me decía ¡YA BASTA! Porque no, la vida no va a parar ni cambiar ni pasar ni nada por mí, ni por mí ni por nadie. En cambio yo, yo sí puedo cambiar. No va a ser una cosa así fácil, ni va a ser de un día para otro. Los hábitos son lentos y difíciles de cambiar, en especial los malos hábitos. El cuerpo de tanto reposo ya casi olvidó como moverse. La mente de tanto reposo ya casi se olvidó de crear.
Las decisiones, al menos las mías, se toman de a poco. Quizás sea que no soy muy buena decidiendo que me auto hago la tonta para no darme cuenta que lo estoy haciendo. 
“Se el cambio que deseas ver” decía Ghandi. Que sabio el hombre, ¿no?
Ahora tampoco es tan simple la cosa, no. Nunca lo es. 
Pasé dos años haciendo y deshaciendo a la pinta mía. Sin horarios. Sin pedir permiso. Hay una libertad deliciosa en la soledad.
Hoy la cosa es bien distinta. Tomé responsabilidades, que claro hago con gusto y mucho disgusto también -o sea que hago cosas que no me gustan porque así lo decidí, siguen sin gustarme pero las hago con gusto- y en el proceso me dejé en pausa. Sentadita tomando tecito.
Así pausada con mi té en la mano, recorriendo recuerdos de la que solía ser. No de la viajera loca que se dejó perder y se encontró un millón de veces -quedé donde siempre, p e r d i d a. Sino de esa que se arrojó al viaje, de esa que disfruta bailar, de la que vibra colgándose de una lira, de la que deja que el corazón se le salga por la nariz.
De tanto blabla la conclusión: De esperar uno se puede morir sin ver cambios, los cambios hay que provocarlos, el movimiento (corporal, mental, emocional) deja fluir las energías, el bloqueo se acaba haciendo -y si hay que cagarla, la cagamos-, ponerse metas ayuda a organizar las fantasías.
Así, nomás. A cumplirse los sueños solita.

Disclaimer: No sé cuánto tiempo pase entre esta reflexión maravillosa y que el movimiento real se inicie. Pero ya dije ya que la cosa va a ser lenta, así que me perdono de antemano. Ahora si usted me ve sentada tomando tecito esperando que la vida pase, recuérdeme que una noche me pegué este alcachofazo e invíteme amorosamente a mover la raja.

lunes, 9 de julio de 2018

v o l v e r .


Cuando uno se va, al tiempo le pasa una cosa extraña. Pasa volando, se detiene, va en reversa, todo a la vez.
Cuando yo me fui, mi tiempo se volvió loco. Me pareció haber viajado a otra dimensión, no sólo a otro país. Los días fueron eternos, los segundos los hice durar años, las noches no tenían fin, los amaneceres fueron más largos, los atardeceres también. Y de repente pasó un año en un segundo y luego otro.
Me preguntan mucho '¿qué viste?' '¿qué aprendiste?' Y me cuesta mucho responder. Vi paisajes bellos, conocí personas tan distintas pero tan iguales, aprendí lo que vamos aprendiendo con las experiencias de la vida, me conocí un poco más, me gusté bastante más, ¡me amé mucho más!
Y cuando cierro los ojos aún veo el desfile de nubes, follajes, mares, ojos, caminos, sonrisas, ciudades, pueblitos... Y cuando no hay ningún sonido aún escucho los tráficos del terror, la superposición de bocinazos, los trenes y aeropuertos, los grillos, los cuervos, las risas, las miles de conversaciones ininteligibles... Y a veces al despertar, durante ese segundo antes de volver a la conciencia, no sé que estoy acá. Y a veces, al acostarme, sigo esperando despertar allá.
Y mientras yo vivía allá todo lo que quise y algo de lo que no quise también, lo que había dejado acá se mantuvo en un limbo. Es que el tiempo acá no pasaba, ni existía. Esa ilusión que la tecnología me ayudó tanto a mantener de que todo está igual, cambiando pero igual. Porque las videollamadas no alcanzan, los mensajes de voz quedan cortos, las fotos muestran sólo un minúsculo pedacito y las redes sociales son engañosas. Pero ayudan, ¡ay cuánto ayudan! Bendita sea esta era cada vez necesité un apapacho, unas chucheteadas, unas carcajadas, un hogar conocido en la distancia. Cada vez que lo necesité, lo encontré.
Como me faltaban cojones para asumir que me venía, no le dije a nadie. Me subí al avión con una maraña de sentimientos que transformé en sonrisas y abrazos a la llegada.
Y sólo entonces, cuando caminé las mismas calles recaminadas, cuando vi las mismas caras de toda una vida, sólo entonces, ese acá que había quedado en un limbo pasó los 2 años en un pestañear. Y el mismo sol que había dejado, ya no era tan el mismo; el mismo frío que había dejado, ya no era tan el mismo, y que después de 2 años de verano non stop se sintió más frío que nunca.
Y la pintura descascarada de la fachada de mi casa me advertía los 2 años que habían pasado sin que yo supiera. Los viejos están más viejos y ya no quedan niños.
Tengo más no sé que respuestas. Sé que tengo que encontrar pega, pero... Sé que la vida sigue, pero...
Y de verdad agradezco a todos la preocupación pero los '¿y qué vas a hacer ahora?' '¿cuándo te vas de nuevo?' '¿cuáles son los planes?' '¿volviste para quedarte?' Yo sé que nacen del cariño, pero me agobian. Porque responder no sé a cosas que parecieran fundamentales me hace sentir más perdida de lo que estoy. Porque sé que estoy aquí, pero todavía no me siento aquí por completo. Y me siento tonta, tan tonta por no saber nada. Porque acá sí pesa tener 30 y estar cesante, viviendo con tú mamá y sin planes de vida.
Es como si tuviera que retomar mi vida en vez de seguirla. Me confundo, me enrabio y no hago nada, me pongo los audífonos y me evado.
Cuando me fui sola al otro lado del mundo todos me decían lo valiente que era. Yo nunca me sentí así de valiente, nunca me dio miedo irme en primer lugar. Ahora volver, es otra historia. Ahora sí que me siento valiente. Y es extraño que ya nadie me diga lo valiente que soy.


martes, 12 de junio de 2018

Ya no escribo para ti

Yo quería que fuésemos amigos. Fue tu decisión desaparecer. Tú quisiste arrancar. Entonces ahora, yo te pido, ya que quisiste no estar, no estés. Si me lees, si me ves, no me digas. No me interesa saber. No han pasado suficientes años ya. Y es injusto esta suerte de comunicación unidireccional.
La proposición de amistad sigue en pie. Pero es eso, amistad. Si te interesa, le pones huevos y que amistad sea. Si no, pues no necesito saber(te).
Porque hace rato ya que no escribo para ti.


PS: Esto se lee tanto más agresivo de lo que realmente es. Sigo creyendo que el cariño es infinito, así que sigue aquí... pero tú ya no.

domingo, 15 de abril de 2018

Al infinito y más allá

En facebook me apareció una foto que decía algo así como somos seres infinitos en cuerpos temporales.
Y yo quedé pensando. Hay una sobredosis de mensajes con el mismo fondo. Está algo de moda la espiritualidad. Y yo quedé pensando...
Yo no quiero ser infinita. Quiero morir y listo. Dejar de existir. No quiero vidas futuras ni vidas pasadas. No quiero reencarnaciones ni resurrecciones. No quiero ni paraísos ni infiernos ni limbos. No quiero ser infinita.
Amo la vida. Ay sí, a la vida la amo. Y la amo tanto justamente porque es finita. Porque un día nací y un día moriré.
Yo no quiero ser infinita. No quiero que mi energía quede vagando por ahí ni que se encarne en otro cuerpo. Quiero morir y listo. Dejar de existir. Cesar la vida.
A mí me parece agotadora esa vaina de la infinidad. Del ciclo sin fin. Y encuentro una belleza simple y tranquilizadora en la idea una existencia finita. Esta vida me es suficiente. Simplemente, no quiero ser infinita.
No le tengo miedo a la muerte. Porque no hay nada más cierto en esta vida que la muerte. Y esa fragilidad de la existencia que puede cesar en cualquier momento me genera adrenalina, me alborota la guata y le da intensidad a mi vida. Porque yo no quiero más vidas para aprovecharlas mejor, porque yo no quiero ser infinita. Quiero aprovechar bien esta vida y ya está. Y que mi energía salga disparada cuando muera, cual si explotara una estrella. Y que se disuelva allá lejos en lo más recóndito del universo.
Porque yo, yo no quiero ser infinita. Quiero morir y dejar de existir.

viernes, 16 de marzo de 2018

In Oportuna

Como fuera de tiempo
creo a veces
siento
Corriendo
delante detrás
corriendo
jadeando
Desde el principio
inesperada
creada en destrucción
Desfasada
No hay tiempo
incorrecto
no sé
creo a veces
siento
Muy tarde
demasiado temprano
sin tiempo
Sin sincronización
Descolocada
Sin lugar
tampoco
Corriendo
¿Arrancando?
Lléndome antes
Llegando después
Como fuera de tiempo
creo a veces
siento
corriendo


viernes, 9 de marzo de 2018

Con ellas aprendí

Yo no aparecí libre y loca en este mundo. Yo me hice loca y libre admirando a las mujerazas de mi vida. No creo en las coincidencias, no creo que sea suerte contar con estas mujeres. Es consecuencia, es decisiones. Soy afortunada, soy privilegiada. Soy el resultado de nosotras.

De mi abuela aprendí a callar, que fuerte suena cuando en la lucha está el ser escuchadas. Pero con ella entendí que no es necesario andar gritando al viento tu opinión, que es indispensable tener opinión pero que es inteligente entender cuando y como se entrega.
De mi madre aprendí a amar. Con todo el corazón, en libertad, que si no no es amor. Que amor y apego no son lo mismo y que el amor no nace del miedo y por eso no hay que tenerle miedo al amor.
De mis tías aprendí a volar. Nació en mi corazón el viaje al verlas recorrer donde quisieran echar vistazos. Nació las ansias de recolectar paisajes y memorias.
De la Tere aprendí que soltera no es lo mismo que sola y que hay que disfrutarse a una misma. Aprendí que la maternidad no es una obligación ni te hace ni más ni menos completa.
De la Maca y la Vale aprendí la belleza de la rigurosidad. Aprendí que ser organizado no tiene nada que ver con ser fome.
De la Isa aprendí a verme y quererme, yo pensaba que iba a una clase de lira y termine aprendiendo a amarme.
De la Inés aprendí la dulzura y lo esencial de decirle a los que queremos que los queremos.
De la Lore aprendí el ñeque y que el amor por un proyecto lo saca adelante.
De la Leia aprendí a quererme los pelos, que por superficial que suena es tanto más profundo.
De la Karem aprendí a hacer familia no por lazos de sangre. Aprendí que el punk no está muerto y que la lucha tiene miles de formas.
De la Thais y la Vale aprendí que cuando el corazón dicta, todo fluye.
De la Vale aprendí a nutrir mi locura con más locura y que compartir detalles inverosímiles no es tan inverosímil.
De la Adriana aprendí que el tiempo pasa, el sistema no mejora pero el ímpetu de cambiarlo todo sigue en pie y la rabia es energía creadora.
De la Rakhi aprendí que no hay éxito personal si con él no se nutre a la manada.
De la Manjula aprendí a abrir el corazón a un desconocido así porque sí nomás.
De la Fran aprendí a sentirme sexy solo conmigo y para mí.
Con mi Babi aprendí a ser amiga y cómplice, que no es lo mismo que encontrarle siempre la razón.
Con la Alma y la Natu aprendí a abrazar, así tan chiquito y simple y tan transformador.
De la Kat aprendí a ser, así sin más.
De la Astari aprendí la belleza de lo sutil.
De la Bhavani aprendí que hay que estudiar, matar la ignorancia.

Me da orgullo las mujeres de las que me rodeo, me da orgullo poder llamarlas amigas. Libres, luchonas, rebeldes, revolucionarias, inteligentes, apasionadas, extraordinarias, críticas. Amo a mi manada. Somos mujeres, somos transmutación.

viernes, 25 de agosto de 2017

Los días que no contamos


La belleza a veces no se ve tan bella.
Como  ese día que nada me resultó como quise.
O el día que amanecí sensible sin razón particular.
Como el montón de días que la falta de plata me
amargó la existencia.
A veces la sonrisa cuesta que salga.
Cuando me negaron la visa y ya no tuve trabajo.
El día que me desperté echando de menos a mi vieja.
O todas las tardes que me han hecho falta nuestras oncecitas de viejas culias.
Pero a Instagram y a Facebook no le decimos esas cosas.
Y la foto sonriendo no es de mentira.
Pero a veces todo duele y todo incomoda.
Es mucho calor, la comida es picante, la ducha y la cama.
Algunos días me quedo pegada en el cielo.
Miro al sol hasta que ya no veo y cae una lágrima que arde.
El montón de días que no fui a ningún lado.
Me enterré en la cama, el sillón o lo que fuera y vi películas sin parar.
Lo que fuese para apagar el cerebro un rato.
Los días que s
ólo tomé desayuno.
Los que s
ólo almorcé.
Los que s
ólo cené.
A veces grito en silencio y mando todo a la mierda.
Cuando perdí las fotos.
Cuando pagu
é de más el taxi y se hizo el weon.
El viaje es hermoso, pero algunos días no se le nota.
Cuando mi amigo se enojó y dejó de hablarme.
Cuando necesit
é un abrazo y no hubo.
Esos días que se callan hasta que importan menos.
Hasta que no duelen tanto.
Hasta que son menos incómodos.
Hasta que se olvidan sin olvidarse.