martes, 12 de junio de 2018

Ya no escribo para ti

Yo quería que fuésemos amigos. Fue tu decisión desaparecer. Tú quisiste arrancar. Entonces ahora, yo te pido, ya que quisiste no estar, no estés. Si me lees, si me ves, no me digas. No me interesa saber. No han pasado suficientes años ya. Y es injusto esta suerte de comunicación unidireccional.
La proposición de amistad sigue en pie. Pero es eso, amistad. Si te interesa, le pones huevos y que amistad sea. Si no, pues no necesito saber(te).
Porque hace rato ya que no escribo para ti.


PS: Esto se lee tanto más agresivo de lo que realmente es. Sigo creyendo que el cariño es infinito, así que sigue aquí... pero tú ya no.

domingo, 15 de abril de 2018

Al infinito y más allá

En facebook me apareció una foto que decía algo así como somos seres infinitos en cuerpos temporales.
Y yo quedé pensando. Hay una sobredosis de mensajes con el mismo fondo. Está algo de moda la espiritualidad. Y yo quedé pensando...
Yo no quiero ser infinita. Quiero morir y listo. Dejar de existir. No quiero vidas futuras ni vidas pasadas. No quiero reencarnaciones ni resurrecciones. No quiero ni paraísos ni infiernos ni limbos. No quiero ser infinita.
Amo la vida. Ay sí, a la vida la amo. Y la amo tanto justamente porque es finita. Porque un día nací y un día moriré.
Yo no quiero ser infinita. No quiero que mi energía quede vagando por ahí ni que se encarne en otro cuerpo. Quiero morir y listo. Dejar de existir. Cesar la vida.
A mí me parece agotadora esa vaina de la infinidad. Del ciclo sin fin. Y encuentro una belleza simple y tranquilizadora en la idea una existencia finita. Esta vida me es suficiente. Simplemente, no quiero ser infinita.
No le tengo miedo a la muerte. Porque no hay nada más cierto en esta vida que la muerte. Y esa fragilidad de la existencia que puede cesar en cualquier momento me genera adrenalina, me alborota la guata y le da intensidad a mi vida. Porque yo no quiero más vidas para aprovecharlas mejor, porque yo no quiero ser infinita. Quiero aprovechar bien esta vida y ya está. Y que mi energía salga disparada cuando muera, cual si explotara una estrella. Y que se disuelva allá lejos en lo más recóndito del universo.
Porque yo, yo no quiero ser infinita. Quiero morir y dejar de existir.

viernes, 16 de marzo de 2018

In Oportuna

Como fuera de tiempo
creo a veces
siento
Corriendo
delante detrás
corriendo
jadeando
Desde el principio
inesperada
creada en destrucción
Desfasada
No hay tiempo
incorrecto
no sé
creo a veces
siento
Muy tarde
demasiado temprano
sin tiempo
Sin sincronización
Descolocada
Sin lugar
tampoco
Corriendo
¿Arrancando?
Lléndome antes
Llegando después
Como fuera de tiempo
creo a veces
siento
corriendo


viernes, 9 de marzo de 2018

Con ellas aprendí

Yo no aparecí libre y loca en este mundo. Yo me hice loca y libre admirando a las mujerazas de mi vida. No creo en las coincidencias, no creo que sea suerte contar con estas mujeres. Es consecuencia, es decisiones. Soy afortunada, soy privilegiada. Soy el resultado de nosotras.

De mi abuela aprendí a callar, que fuerte suena cuando en la lucha está el ser escuchadas. Pero con ella entendí que no es necesario andar gritando al viento tu opinión, que es indispensable tener opinión pero que es inteligente entender cuando y como se entrega.
De mi madre aprendí a amar. Con todo el corazón, en libertad, que si no no es amor. Que amor y apego no son lo mismo y que el amor no nace del miedo y por eso no hay que tenerle miedo al amor.
De mis tías aprendí a volar. Nació en mi corazón el viaje al verlas recorrer donde quisieran echar vistazos. Nació las ansias de recolectar paisajes y memorias.
De la Tere aprendí que soltera no es lo mismo que sola y que hay que disfrutarse a una misma. Aprendí que la maternidad no es una obligación ni te hace ni más ni menos completa.
De la Maca y la Vale aprendí la belleza de la rigurosidad. Aprendí que ser organizado no tiene nada que ver con ser fome.
De la Isa aprendí a verme y quererme, yo pensaba que iba a una clase de lira y termine aprendiendo a amarme.
De la Inés aprendí la dulzura y lo esencial de decirle a los que queremos que los queremos.
De la Lore aprendí el ñeque y que el amor por un proyecto lo saca adelante.
De la Leia aprendí a quererme los pelos, que por superficial que suena es tanto más profundo.
De la Karem aprendí a hacer familia no por lazos de sangre. Aprendí que el punk no está muerto y que la lucha tiene miles de formas.
De la Thais y la Vale aprendí que cuando el corazón dicta, todo fluye.
De la Vale aprendí a nutrir mi locura con más locura y que compartir detalles inverosímiles no es tan inverosímil.
De la Adriana aprendí que el tiempo pasa, el sistema no mejora pero el ímpetu de cambiarlo todo sigue en pie y la rabia es energía creadora.
De la Rakhi aprendí que no hay éxito personal si con él no se nutre a la manada.
De la Manjula aprendí a abrir el corazón a un desconocido así porque sí nomás.
De la Fran aprendí a sentirme sexy solo conmigo y para mí.
Con mi Babi aprendí a ser amiga y cómplice, que no es lo mismo que encontrarle siempre la razón.
Con la Alma y la Natu aprendí a abrazar, así tan chiquito y simple y tan transformador.
De la Kat aprendí a ser, así sin más.
De la Astari aprendí la belleza de lo sutil.
De la Bhavani aprendí que hay que estudiar, matar la ignorancia.

Me da orgullo las mujeres de las que me rodeo, me da orgullo poder llamarlas amigas. Libres, luchonas, rebeldes, revolucionarias, inteligentes, apasionadas, extraordinarias, críticas. Amo a mi manada. Somos mujeres, somos transmutación.

viernes, 25 de agosto de 2017

Los días que no contamos


La belleza a veces no se ve tan bella.
Como  ese día que nada me resultó como quise.
O el día que amanecí sensible sin razón particular.
Como el montón de días que la falta de plata me
amargó la existencia.
A veces la sonrisa cuesta que salga.
Cuando me negaron la visa y ya no tuve trabajo.
El día que me desperté echando de menos a mi vieja.
O todas las tardes que me han hecho falta nuestras oncecitas de viejas culias.
Pero a Instagram y a Facebook no le decimos esas cosas.
Y la foto sonriendo no es de mentira.
Pero a veces todo duele y todo incomoda.
Es mucho calor, la comida es picante, la ducha y la cama.
Algunos días me quedo pegada en el cielo.
Miro al sol hasta que ya no veo y cae una lágrima que arde.
El montón de días que no fui a ningún lado.
Me enterré en la cama, el sillón o lo que fuera y vi películas sin parar.
Lo que fuese para apagar el cerebro un rato.
Los días que s
ólo tomé desayuno.
Los que s
ólo almorcé.
Los que s
ólo cené.
A veces grito en silencio y mando todo a la mierda.
Cuando perdí las fotos.
Cuando pagu
é de más el taxi y se hizo el weon.
El viaje es hermoso, pero algunos días no se le nota.
Cuando mi amigo se enojó y dejó de hablarme.
Cuando necesit
é un abrazo y no hubo.
Esos días que se callan hasta que importan menos.
Hasta que no duelen tanto.
Hasta que son menos incómodos.
Hasta que se olvidan sin olvidarse.

viernes, 4 de agosto de 2017

Micropensamiento

Un día, cuando chica,
miré las estrellas.
Una me guiño un ojo.
Me reconocí allá arriba,
lejos, brillando.
Desde entonces que no bajo.

jueves, 2 de marzo de 2017

Pa variar






















Entre el ir y venir de mis constantes olvidos, de mi eterno perderme, encontrarme y perderme otra vez, en el oleaje de esto que llamo vida, en el susurro de los vientos de tormentas emocionales que se hacen gigantes para desaparecer en la nada. Entre el ajetreo del día a día y la confusión del no saber nada. Comencé a desaparecer, a difuminarme, evaporarme, esfumarme.

Con la cabeza recién explotada, cual colgajo acarreándola a donde sea que los pies me lleven, a donde sea que mis alas me vuelen.

Volar… aún recuerdo la sensación del viento acariciando la cara, colándose entre el pelo, haciéndome feliz. Lo recuerdo al igual que tus caricias, que la locura de nuestros abrazos, que el calor de tus besos de buenos días, que esa bella regocijante alegría de nuestras oncecitas. Lo recuerdo como a mi risa estruendosa perdida en tus palabras sin sentido.


Este lugar es extraño, no me veo en los espejos. Me hace pensar que la extraña soy yo. Y después de tanto tiempo me vuelvo a sentir profundamente inadaptada, fuera de tiempo y lugar. No creo que eso de la adaptación se me vaya a dar alguna vez. Mientras me pierdo por enésima vez, más me reconozco en ese lugar. Lugar extraño, a veces hasta hostil, pero mío, tan mío que me llena de dudas.


Y es un poco terrible no tener un dios a quien culpar cuando todo esta patas arriba. Te quedas con esa responsabilidad de afrontar tus decisiones y sus consecuencias, tu solita. Hacerme cargo es lo que no quiero, crecer sin desarmarme, sin abandonarme. Pero la verdad es que me abandono fácil. Me tomo demasiado en serio lo de dejarme llevar. Así terminan las decisiones tomándome y no al revés.

De todo este año, este es sin duda el momento de mayor perdición. Dicen que hay que tocar fondo para resurgir. Yo solo me pregunto cuántos metros más bajo tierra debo sumergirme antes de renacer.









Y a mi alrededor la bella contingencia de amor me hace preguntas que no se responder. El universo se encarga de hacerme ver que incluso perdida no estoy tan lejos, porque el amor que me rodea es a veces impresionante, ese amor encontrado en todos lados, ese amor que nace espontaneo y que sinceramente no pide nada a cambio, sino que agradece.

Y como la buena optimista empedernida que soy, ese pequeño sentimiento me mantiene a flote y me hace agradecer cada segundo, incluso cuando nada sale como quiero, porque a la distancia tengo apoyo y contención, y en la inmediatez tengo abrazos dispuestos a salvarme.

Quizás no sepa mucho, quizás no hago mucho… no sé, quizás mañana si sepa.








En algún lugar debo estar. Solo espero llegar pronto ahí, hace meses vengo cargando este abrazo para mí que ya va siendo hora de entregar.


Y al universo siempre yesthankyoumoreplease.